Cómo trabajar los Objetivos Transversales en la sala de clases

Los Objetivos Transversales  (hoy se conocen como los OT, es decir los Objetivos Transversales), son un espacio de trabajo muy importante en el ámbito escolar, sin embargo y a pesar de su importancia, no siempre se intencionan al interior de la sala de clases, menos en la evaluación. Cuántas veces en las reuniones de apoderados, se conversa sobre el tema de la responsabilidad estudiantil, la autonomía, el cuidado y limpieza de los distintos espacios donde habitan todas las semanas los estudiantes, el tema de los Derechos de las Personas, el cuidado del Medio ambiente y el riesgo permanente de nuestra sociedad de des-humanizar la vida humana, sin embargo, y a pesar de las discusiones, nos damos cuenta que las horas destinadas a conversar y trabajar con los alumnos, es muy poco en tiempo y en calidad.

222La Ley General de Educación los define como “Un proceso de aprendizaje permanente que abarca las distintas etapas de la vida de las personas y que tiene como finalidad alcanzar su desarrollo espiritual, ético, moral, afectivo, intelectual, artístico y físico, mediante la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas. Se enmarca en el respeto y valoración de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, de la diversidad multicultural y de la paz, y de nuestra identidad nacional, capacitando a las personas para conducir su vida en forma plena, para convivir y participar en forma responsable, tolerante, solidaria, democrática y activa en la comunidad, y para trabajar y contribuir al desarrollo del país” (Ley General de Educación, art. 2. 2009).

Se estima que por sus características deben ser promovidos a través del conjunto de las actividades educativas durante el proceso de la Educación General Básica, sin que estén asociados de manera exclusiva con una asignatura o con un conjunto de ellas en particular.

El logro de estos Objetivos de Aprendizaje se produce a través de las diversas instancias que la vida escolar ofrece, tales como, clases, ceremonias, fiestas escolares, etc. Y deben ser promovidos en estos espacios a través de los aprendizajes de las asignaturas, los ritos y normas de la escuela, los símbolos, el ejemplo de los adultos, y las dinámicas de participación y convivencia, entre otros aspectos.

Los Objetivos Transversales establecen metas de carácter comprensivo y general para la educación escolar referidas al desarrollo personal y a la conducta moral y social de los estudiantes. Se trata de objetivos cuyo logro depende de la totalidad de elementos que conforman la experiencia escolar.

Por eso, queremos ofrecer un espacio de DIÁLOGO Y FORMACIÓN en donde podamos descubrir que hay cosas y aspectos de la vida de las personas y sociedades que deben intencionarse en la vida académica de los alumnos, no pueden quedar en manos de buenas voluntades o en opciones aisladas de algunos docentes. Los Objetivos Transversales deben ser el criterio de unidad del Curriculum escolar.

Coherencia en la Evalución

Evaluación de competencias y objetivos transversales

(Fuente: http://ww2.educarchile.cl)

El enfoque de evaluación basado en competencias enfatiza el desempeño de los estudiantes, por lo cual exige variedad de evidencias y busca métodos de evaluación directa. En esta perspectiva es fundamental considerar desempeños que permitan reunir evidencia en cantidad y calidad suficiente para hacer juicios razonables acerca de la competencia de un individuo.

Evaluación de competencias

No es desconocido que el Marco Curricular Nacional desde sus propósitos se orienta de manera clara a la formación para el desarrollo de competencias. Desde este propósito surge  la importancia de que se evalúen todos los objetivos formativos,  a través de diversidad de  procedimientos.

 

Para que un currículo de este tipo pueda ser evaluado de manera coherente es fundamental que los procedimientos de evaluación tengan al menos las siguientes características:

  • los estudiantes debieran  actuar eficazmente con el conocimiento adquirido.
  • los estudiantes debieran realizar un amplio rango de tareas significativas y reales para el desarrollo de competencias.
  • las tareas propuestas debieran suponer retos que ayuden a los estudiantes a ensayar para la realidad compleja de la vida adulta y profesional.

 

Como la institución escolar no siempre está en condiciones de crear situaciones absolutamente reales para la  implementación curricular, es fundamental en la perspectiva de la evaluación, considerar los tipos de desempeños que  permitirán reunir evidencia, en cantidad y calidad suficiente para hacer juicios razonables  acerca de la competencia de un individuo.

 

Para lograr este tipo de juicios se deben seguir tres principios orientadores:

  • Usar los métodos adecuados para evaluar la competencia de  manera integrada, esto implica evaluar al mismo tiempo habilidades, actitudes y conocimientos.
  • Seleccionar los métodos que sean más directos y relevantes para aquello que está  siendo evaluado. A veces se requiere la utilización de varios métodos y desapegarse del enfoque tradicional.
  • Usar una amplia base de evidencias para inferir la competencia y esto implica no escoger un único método, sino complementar más de uno.

 

En síntesis: el enfoque de evaluación basado en competencias enfatiza el desempeño, exige una mayor  variedad de evidencias que los enfoques tradicionales y busca métodos de evaluación  directa, asumiendo los principios y pautas de lo que debe ser una evaluación.

 

¿Cómo hacer coherentes los procedimientos de enseñanza con los de evaluación?

 

Respecto del desarrollo de las experiencias de aprendizaje, para que se aborden todos los ámbitos considerados en la noción de competencia, es fundamental que en las interacciones de aula el docente:

Respecto del desarrollo de las tareas Respecto de las relaciones y disposición para aproximarse al aprendizaje
Ø  Potenciar en los estudiantes la capacidad de proponerse objetivos y planificar acciones de tal manera que fomenten su autonomía y ejerciten paulatinamente el “aprender a aprender”.

Ø  Considerar las aportaciones, ideas  y conocimientos de los estudiantes de manera permanente en el desarrollo de las experiencias de aprendizaje, volviéndolos protagonistas de la construcción de su saber.

Ø  Considerar siempre el punto de partida de cada estudiante y el proceso a través de cada cual adquiere los conocimientos incentivando su autorregulación y el establecimiento de rutas de trabajo coherente con la brecha que cada uno tiene respecto de la meta a lograr.

Ø  Estar atento a los progresos y también a los obstáculos que encuentran los estudiantes en el desarrollo de una tarea  y sistematizar dicha información en registros que permitan, posteriormente establecer estrategias de apoyo.

Ø  Revelar  a los estudiantes el sentido que tienen las tareas que están realizando: que comprendan su utilidad y que se sientan capaces de enfrentar los desafíos.

Ø  Fomentar la metacognición ayudando a los estudiantes a reconocer la mayor cantidad de relaciones posibles entre nuevo contenido aprendido y sus intereses y conocimientos, de manera tal que valoren el proceso de aprendizaje experimentado.

Ø Promover el respeto y el sentimiento de confianza. Que no se tema al error.

Ø Promover canales de comunicación que regulen los procesos de negociación, participación y construcción.

Ø Transmitir lo actitudinal, no solo desde el abordaje de tareas o conceptos específicos, sino establecer formas de comportamiento en el aula coherentes con la actitud que se quiere desarrollar. Los estudiantes no solo deben comprenderla, sino, vivirla.

Ø Promover un clima de aula que sea beneficioso, no solo para el aprendizaje de los saberes conceptuales convencionales, sino para el establecimiento de vínculos y la convivencia respetuosa en miras del desarrollo de sujetos capaces de comprender y  relacionarse de manera adecuada con la sociedad y su entorno.

 


¿Con qué instrumentos evaluar competencias? 

 

Uno de los métodos más apropiados para este enfoque es  la carpeta o portafolio, en tanto permite recoger un conjunto de  evidencias del proceso de aprendizaje y de lo aprendido, resultado de diferentes  actividades realizadas por el estudiante. Sin embargo, cualquier método que promueva los siguientes principios, de manera parcial o total, puede converger en un método integral de evaluación de competencias.  Los instrumentos de evaluación debieran:

 

  • Promover la participación del estudiante al registrar y evaluar su aprendizaje.
  • Posibilitar que asuman la responsabilidad de sus aprendizajes.
  • Favorecer que el alumno  aprenda a aprender.
  • Ofrecer la oportunidad de conocer las actitudes de los estudiantes.
  • Promover la reflexión, autoevaluación y la regulación propia del aprendizaje.
  • Basarse en trabajos lo más auténticos que el contexto permita.
  • Permitir al estudiante demostrar la profundidad del aprendizaje.
  • Ofrecer información respecto del proceso de aprendizaje.

 

Aspectos clave para la elección y diseño de los procedimientos de evaluación

 

Ø Evaluar a partir de situaciones-problema que permitan al estudiante desplegar los diferentes ámbitos de aprendizaje, posibilitando que estos se practiquen en otro contexto.

Ø Establecer indicadores de logro que permitan poner de manifiesto el grado y modo en que los alumnos realizan el aprendizaje de los diferentes componentes de las competencias que se esperaba desarrollar.

Ø Diseñar actividades de evaluación que den cuenta, en su resolución, del indicador de logro establecido. Su desarrollo debe ser el procedimiento asociado al esquema de acción para enfrentar  las situaciones-problema en que este saber podría aplicarse.

 

Evaluación de objetivos transversales

 

Referirse a los  Objetivos Fundamentales Transversales implica considerar logros de aprendizaje y del desarrollo personal de características muy diversas. Se tiende a creer que éstos objetivos son exclusivamente afectivo-valóricos, pero NO es así. El gran abanico de aspectos que estos refieren en el

Marco Curricular es el siguiente:

 

Dimensión física:

Integra el autocuidado, el cuidado mutuo y la valoración y el respeto por el cuerpo, promoviendo la actividad física y hábitos de vida saludable.

Dimensión afectiva:

Apunta al crecimiento y el desarrollo personal de los estudiantes a través de la conformación de una identidad personal y del fortalecimiento de la autoestima y la autovalía, del desarrollo de la amistad y la valoración del rol de la familia y grupos de pertenencia, y de la reflexión sobre el sentido de sus acciones y de su vida.

 

Dimensión cognitiva:

Orienta los procesos de conocimiento y comprensión de la realidad; favorecen el desarrollo de las capacidades de análisis, investigación y teorización, y desarrollan la capacidad crítica y propositiva frente a problemas y situaciones nuevas que se les plantean a los estudiantes.

Dimensión socio – cultural:

Sitúa a la persona como un ciudadano en un escenario democrático, comprometido con su entorno y con sentido de responsabilidad social.  Junto con esto, se promueve la capacidad de desarrollar estilos de convivencia social basadas en el respeto por el otro y en la resolución pacífica de conflictos, así como el conocimiento y la valoración de su entorno social, de los grupos en los que se desenvuelven y del medioambiente.

 

Dimensión Moral:

Promueve el desarrollo moral, de manera que los estudiantes sean capaces de formular un juicio ético acerca de la realidad, situándose en ella como sujetos morales. Para estos efectos, contempla el conocimiento y la adhesión a los derechos humanos como criterios éticos fundamentales que orientan la conducta personal y social.

 

Espiritual:

Promueve la reflexión sobre la existencia humana, su sentido, finitud y trascendencia, de manera que los estudiantes comiencen a buscar respuestas a las grandes preguntas que acompañan al ser humano.

Dimensión Proactividad y trabajo:

Alude a las actitudes hacia el trabajo que se espera que los estudiantes desarrollen, así como a las disposiciones y formas de involucrarse en las actividades en las que participan. Por medio de ellos se favorece el reconocimiento y la valoración del trabajo, así como el de la persona que lo realiza. Junto con esto, los objetivos de esta dimensión fomentan el interés y el compromiso con el conocimiento, con el esfuerzo y la perseverancia, así como la capacidad de trabajar tanto de manera individual como colaborativa, manifestando compromiso con la calidad de lo realizado y dando, a la vez, cabida al ejercicio y el desarrollo de su propia iniciativa y originalidad.

 

Dimensión Tecnologías de información y comunicación.

El propósito general del trabajo educativo en esta dimensión es proveer a todos los alumnos y las alumnas de las herramientas que les permitirán manejar el “mundo digital” y desarrollarse en él, utilizando de manera competente y responsable estas tecnologías.

 

Se dice que los objetivos que presentan más dificultades a los docentes al minuto de la evaluación son aquellos referidos  a las dimensiones afectiva, espiritual y moral. La evaluación de este tipo de objetivos crea incertidumbre entre los profesores, primero, porque resulta muy difícil pensar en la evaluación de aspectos más cercanos a la psicología, por ejemplo, “una adecuada autoestima, la confianza en sí mismo y un sentido positivo de la vida” y segundo, porque sienten que la posibilidad de evaluar objetivos valóricos o ideológicos escapa a sus posibilidades individuales. Lo cierto es que  la evaluación de muchos de estos objetivos, que se desarrollan en el largo plazo y por la acción de diverso  agentes educativos, no puede ser tarea de un solo profesor.

 

Actitudes y valores

Para disminuir la tensión respecto de este tema resulta importante hacer una distinción sobre el significado del concepto valores y cómo estos se relacionan con la actitud.

 

Las actitudes poseen un componente valorativo y constituyen la manifestación de los valores asumidos. Esto significa, que por lo general, las actitudes a adoptar son consecuencia de la asunción de valores que una persona ha interiorizado en su trayectoria vital.

 

Considerando que las actitudes y valores pueden enseñarse y transmitirse, tal como los conceptos y las estrategias, estos deben ser programados y planificados y por tanto, es importante, describir el modo en que estos se ven expresados en prácticas concretas de los estudiantes.

 

Conviene entonces aclarar algo importante frente a esta complejidad:

  1. comprender la relación entre valores y actitudes nos da pistas para la evaluación desde las técnicas o procedimientos útiles para observar acciones y comportamientos en el aula.
  2. evaluar aquellos objetivos que sean atingentes, en ningún caso, significa calificarlos. Además, evidentemente, no es necesario evaluarlos todos.
  3. dado que son objetivos que forman parte del referente curricular deben ser evaluados y la información pesquisada debe ser utilizada por el docente para ajustar prácticas en la medida que sea necesario, tal como si se tratara de objetivos conceptuales o procedimentales, y  para retroalimentar oportunamente a los estudiantes.

 

Para  tener en cuenta

  • Es fundamental distinguir cuándo es pertinente que la evaluación implique calificación y cuando no.
  • La evaluación de aspectos actitudinales como respeto, interés, responsabilidad, esfuerzo, cooperación, etc. en ocasiones pasan a constituirse en el foco principal de la evaluación en la sala de clases, desatendiendo los objetivos cognitivos. Es necesario recordar que los estudiantes son sujetos integrales y completos y considerar la suma de las parcelas que en ocasiones se establecen para facilitar la enseñanza.
  • La escuela tiene tanto una función instruccional y académica como una función de formación social y valórica. Cada función de la escuela debe ser atendida en su justa medida.

 

REFERENCIAS

Castillo Arredondo. Vocabulario de Evaluación Educativa. Madrid. Prentice Hall, 2003.

Philippe Perrenoud. Cuando la escuela pretende preparar para la vida. ¿Desarrollar competencias o enseñar otros saberes?,  Barcelona: Graó 2012

Santiago Castillo Arredondo, Jesús Cabrerizo Diago. Evaluación Educativa y Promoción Escolar. Pearson Educación, 2003.

Bases Curriculares. 2012. Educación Básica. MINEDUC. Decreto N° 439,  2012.