Hay que tener claro que esto se puede hacer, de acuerdo a diversas investigaciones llevadas a cabo por Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford, y en Chile por Susana Claro, Ph. D. en Economía de la Educación de la U. de Stanford y académica de la nueva Escuela de Gobierno de la Universidad Católica de Chile.

  

1.- Tu cerebro puede cambiar

A pesar de que en los primeros años de vida esto es más cierto que nunca, a cualquier edad la experiencia puede hacer que nuestro cerebro cambie su estructura y su actividad, generando nuevas conexiones neuronales o dejando de usar las existentes.

En general, tendemos a creer que la naturaleza del cerebro es inmutable o fija, es decir, que no importa cuánto nos esforcemos o trabajemos, nuestras habilidades no van a aumentar, y este pensamiento limita nuestras posibilidades y nos desmotiva.

 

2.- Debes aprender cosas nuevas

Se ha visto que la densidad de materia gris del cerebro aumenta en personas y animales que aprenden cosas nuevas, ya que se crean nuevas conexiones neuronales durante el proceso de aprendizaje

Cuenta la psicóloga Trinidad Montes, de la Fundación Astoreca, que “hemos aprendido de las neurociencias que el cerebro humano es asombrosamente plástico”.

 

3.- Debes creer que tú puedes

Quienes poseen mentalidad de crecimiento, reaccionan con mayor resiliencia ante un obstáculo, manteniendo la motivación y mostrando mayor perseverancia ante un desafío.

Al creer que sus capacidades pueden cambiar, son:

  1. Son más proclives a buscar ayuda en vez de ocultar debilidades
  2. Están abiertos a la retroalimentación crítica
  3. Dispuestos a elegir realizar ejercicios más desafiantes en vez de los que ya saben hacer,
  4. Perminte una serie de otros comportamientos que pueden ayudarlos a mejorar sus capacidades.

 

4.- Un niño debe recibir apoyo, pero al mínimo

El aumento de las capacidades de los alumnos se produce en ese espacio en que el niño aún no es capaz de resolver una tarea solo, pero que puede lograrlo con la ayuda de otra persona.

Esto implica ir corriendo el cerco de a poco, confiando en su capacidad de aprender y ofreciendo la mínima ayuda necesaria para mantenerlo desafiado pero no frustrado.

Fuente: grupoeducar.